Amigo/a lector, quiero relatar hechos reales que Dios hace en nuestras vidas, aun cuando no merecemos su misericordia. Te contaré brevemente este resumen de la crianza de este chico y, durante varios escritos, te relataré sucesos verídicos de vida.
Nacido y criado en el evangelio con una doctrina firme, buenos valores y enseñanzas. Es el hijo menor de tres y llega tres años después del segundo hijo. Llega al vientre de su madre y, desde antes, ya Dios lo había escogido. Un propósito tiene Dios en su vida.

Aun teniendo la mejor educación cristiana, y buenos ejemplos de su entorno familiar, llega a su vida, su mente y su corazón, el deseo de probar cosas contrarias a las que le fueron enseñadas, como por ejemplo, seguir a Cristo. Creo que todos en nuestras vidas pasamos por momentos así. Muchos podrán pensar que las crianzas religiosas son bastante estrictas y exageradas en cierta forma. Una pregunta que se harán es… ¿Me habrán criado correctamente de esta forma? ¿Me habrán enseñado todo para sobrevivir en la vida? No todas las crianzas son perfectas y hay cosas que en el camino nos toca aprender. Muchos continúan por el camino religioso, otros tomarán caminos y decisiones contrarias a lo enseñado y descubrirán otras cosas distintas. Muchos podrán salir de lo que encontraron, quizás coquetearon con muchas cosas y resistieron; otros simplemente no lo lograron y todavía luchan, y otros ya no están para contarlo.

En este caso afortunado, te cuento esta historia de tantas historias que tiene para contar.

A la edad de 14 años, un jueves en la noche, día de culto, estaba cansado de la rutina de ir a la iglesia como todos los jueves en la noche y decide mentir para no ir a la iglesia. Se estaba quedando en casa de su abuela y su tío vivía en el segundo piso. Su tío le pregunta: «¿Por qué no estás vestido si nos vamos para la iglesia?»


Su contestación: «Hablé con papá y me dio permiso para quedarme.» Su tío, confiando en sus palabras, no dijo nada y se marchó a la iglesia. Recuerda él que se quedó hablando con el vecino, que era su amigo y contemporáneo en edad, y en un momento le dijo: «¡Oye! Voy para el patio trasero de tu casa a recoger acerolas (una fruta).» En un momento toma una escalera de seis pies y la coloca cerca del árbol, y él recuerda ver esta única acerola grande, coloradita y jugosa, ¡única en su clase! Se sube a la parte más alta de la escalera, estira su brazo, y lo único que recuerda es encontrarse recostado de la verja que divide las casas de su tío y de su vecino, y preguntarle a su amigo: «¿Qué hora es? ¿Qué pasó?», a lo que su amigo le contestó: «Fui a buscarte y te encontré tendido en el suelo y la escalera tirada en el suelo, ¡te recogí! ¡Te traje aquí y toda esta hora me has hecho las mismas dos preguntas!»

¿Cuánto tiempo estuvo en el suelo inconsciente…? ¡No lo sabe! ¿Si pudo saborear la fruta…? ¡Tampoco lo sabe! Pero sí recuerda la historia bíblica del Génesis que dio problemas, y por una fruta también los tuve. Por mentir y desear lo que no me correspondía, pagué las consecuencias en ese momento. Pudo haber sido mi final, ¡pero SIN MERECERLO, ÉL ME ESCOGIÓ Y NO ME DEJÓ SOLO!


Muchas veces tomaremos caminos erróneos, pero está en nosotros arrepentirnos y pedir perdón a Dios y a nuestros seres queridos para que Él tenga misericordia de nosotros y continuemos con su plan y su propósito.