A veces pensamos que la vida es injusta y que algunas personas también lo son, porque nuestra mente natural funciona de esa manera. Pero cuando miras mucho más allá de tu mente natural, te das cuenta de que lo injusto es cómo pensamos. ¿Por qué? Porque las mismas situaciones que vivió Jesucristo, las viviremos todos. Dios prueba nuestro carácter de diferentes formas, y esa es la manera que utiliza para formarnos. No podemos quejarnos como el pueblo de Israel, porque al final de todo, Jehová es quien va delante de nosotros, de día como columna de nube y de noche como columna de fuego.
En la escuela de la vida, el propio ser humano es una prueba. Cada uno de nosotros debemos examinarnos y tener empatía con los demás. Debemos entender que no podemos juzgar ni señalar a los demás, porque eso no es lo que Dios nos ha llamado a hacer. Estamos en este mundo para ser colaboradores del Señor. Dios creó el mundo y a nosotros, por lo tanto, le pertenecemos a Él. No vinimos a este mundo a vivir nuestra propia vida, sino a vivir bajo la voluntad de Dios. Podemos hacer todos los planes que queramos, pero el propósito del Señor siempre prevalecerá, porque nacimos con un propósito.
El Señor puede prosperarte en un negocio, pero también demandará que utilices parte de tus ganancias para beneficiar al reino de Dios. Recuerda que no se trata de nosotros, siempre se ha tratado de Dios.
«Porque nosotros somos colaboradores de Dios». (1 Corintios 3:9)
¿Cuál es nuestra recompensa? La vida eterna.
Yarelis Piñero