Somos más fuertes cuando se nos cierra una puerta en nuestras vidas, porque sabemos que Dios abrirá una nueva puerta llena de oportunidades.
Así que, si llegamos a pensar que el fin de una relación personal o de un modo de vida es el final, podemos confiar en Dios, dejando ir toda ansiedad acerca de los cambios. De esta manera, permitimos que Él abra el camino hacia nuevas bendiciones que Él ha guardado para nosotros.

Cuando dejamos ir, permitimos que Dios nos muestre el camino. Él nos dará la fuerza y el valor para seguir en una nueva dirección, o incluso para dar un paso atrás si es necesario.

Al dejar que Dios haga Su voluntad y permitirle actuar, soltamos nuestros temores y preocupaciones sobre el futuro. Dios está en control, y sabemos que Él nos guía hacia el lugar donde encontraremos la paz que solo Él puede ofrecer, una paz verdadera, porque viene de Él.

Dejemos que Él haga Su voluntad.