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DEJA QUE LA PRENSA TRABAJE

Aviva Soul Church
Getsemaní, la presión y lo que Dios revela en nosotros
Escrito por el Pastor José C. Díaz Morales
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Hay temporadas en las que sentimos que la vida nos está exprimiendo. Llegan las pruebas, se acumulan las
preguntas y, por momentos, parece que no nos queda fuerza. En medio de esa presión, muchas veces le
pedimos a Dios que nos saque cuanto antes. Pero ¿qué sucede cuando el Señor nos enseña a permanecer, a
orar y a confiar mientras atravesamos el proceso?
Getsemaní significa «prensa de aceite». En el proceso antiguo, las aceitunas se recogían, se trituraban y
después se colocaban bajo presión para extraer su aceite, que luego era separado del agua y los residuos.
Esa imagen nos ayuda a comprender una realidad espiritual: algunas temporadas nos muestran lo que hay
dentro de nosotros, lo que permanece firme y lo que necesita ser rendido delante de Dios.
Lucas 22:39 nos cuenta que Jesús fue al monte de los Olivos «como solía». En otras palabras, la oración no
apareció en su vida como un recurso de último momento. Era parte de su caminar con el Padre. Y ahí
encontramos una primera enseñanza: lo que acostumbramos a hacer en los días tranquilos influye en cómo
respondemos cuando llega la prensa. Si hemos aprendido a buscar a Dios cuando todo marcha bien,
sabremos hacia dónde correr cuando todo parezca desmoronarse.
Ahora bien, estar cerca de Dios no significa dejar de sentir. Marcos 14:33 dice que Jesús comenzó a
entristecerse y a angustiarse. El Hijo de Dios no fingió que el dolor no existía. Lo enfrentó en oración. Por
eso, sentir tristeza durante una prueba no es necesariamente falta de fe. Hay momentos en que la presión
duele, y podemos llevar ese dolor con sinceridad a la presencia del Padre.
Jesús llevó consigo a Pedro, Jacobo y Juan; sin embargo, también se apartó para orar. Lucas 22:41 dice que
se alejó de ellos como a un tiro de piedra. Es bueno contar con personas en quienes confiar, pero hay
batallas que requieren silencio e intimidad con Dios. La separación momentánea no tiene que ser
aislamiento: puede convertirse en el espacio donde rendimos nuestra voluntad y buscamos su rostro. La
Escritura nos llama a humillarnos, orar y volvernos a Dios (2 Crónicas 7:14).
Cuando Jesús regresó, encontró a sus discípulos durmiendo. Les había pedido que velaran y oraran para no
entrar en tentación (Mateo 26:40-41). Ellos estaban cansados, pero Jesús conocía la prueba que se
acercaba. Poco después, Pedro sacaría una espada y heriría a un hombre durante el arresto (Juan 18:10). La
advertencia de Jesús nos recuerda que la preparación espiritual no comienza cuando la crisis estalla: se
cultiva antes. El espíritu puede estar dispuesto, pero la carne es débil.
La prensa también exige paciencia. En Mateo 26:53, cuando ya estaban arrestándolo, Jesús recordó que
podía pedir al Padre más de doce legiones de ángeles. No estaba allí porque le faltara poder para escapar.
Escogió obedecer al Padre y cumplir las Escrituras. Qué difícil es, en nuestros propios procesos, aceptar
que no tener el control de las circunstancias no significa que Dios lo haya perdido.
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Lucas 22:43-44 describe la profundidad de aquella agonía: un ángel vino a fortalecer a Jesús, y su sudor
era como grandes gotas de sangre que caían a tierra. Jesús conocía el padecimiento que se aproximaba. La
presión de Getsemaní nos dirige a contemplar su entrega, no solo a comparar su sufrimiento con el nuestro.
Aun en aquella noche, el Padre no lo dejó sin fortaleza para continuar.
Hay otra verdad que la prensa puede poner al descubierto: no todo lo que parecía formar parte de nuestra
vida tenía la firmeza que imaginábamos. A veces son expectativas, metas, seguridades, relaciones o planes
a los que nos habíamos aferrado. En Mateo 26:50, Jesús llamó «amigo» a Judas en el momento de su
entrega. Marcos 14:51-52 también relata que un joven que seguía a Jesús huyó y dejó atrás la sábana con la
que estaba cubierto. La noche de Getsemaní dejó al descubierto la fragilidad humana. Por eso debemos
cuidar nuestro corazón: la comodidad puede hacernos creer que estamos preparados cuando en realidad
hemos dejado de velar.
Quizás hoy te encuentras bajo una presión que no esperabas. Puede que te sientas cansado, triste o
confundido. No necesitas aparentar una fortaleza que no tienes. Ora como Jesús oró. Busca al Padre,
permanece atento y aprende a confiar aun cuando el resultado no está en tus manos. Dios puede sostenerte
mientras atraviesas lo que todavía no entiendes.
Getsemaní no solo nos habla de lo que la presión extrae, sino de lo que termina revelando. El proceso
puede mostrarnos nuestras debilidades, nuestras falsas seguridades y, sobre todo, nuestra necesidad de
depender del Señor. Deja que la prensa trabaje. No porque el dolor sea bueno en sí mismo, sino porque,
aun en medio de él, Dios puede formar en nosotros una obediencia más profunda y una confianza más
firme en su presencia.