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De las tinieblas a la luz

Prof. Carmen E. Ramírez

Iglesia Restaurados en Cristo Defensores de la Fe Cristiana

Rev. Roberto Correa Díaz

Gran parte de la humanidad vive una vida rutinaria, un día a día. No se detiene a pensar. Caminan como autómatas, llevando a cabo las actividades diarias, comenzando en la mañana hasta la hora de ir a dormir en familia, sin meditar en cuán agradecidos deben estar con Dios.

En ocasiones, llevan a cabo actividades fuera de esa rutina, especialmente aquellas que pueden ser culturales o tradicionales, celebradas por costumbre, sin importar lo que estas signifiquen, sino simplemente por uso y tradición.

Mas aquellos que tenemos a Cristo en nuestros corazones y al Espíritu Santo, quien es nuestro guía y quien nos dirige, cada día recordamos y practicamos lo que dice la Palabra de Dios, pues no estamos en tinieblas, sino en la luz.

Juan 8:12 dice: “Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”.

Cristo es la luz del mundo. ¿Recuerdan? Él dijo: “Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas”.

El que cree en Jesucristo ya no está en tinieblas. Mateo 5:14 dice: “Vosotros sois la luz del mundo”.

Como luz que somos, celebramos solo aquello que habla o manifiesta vida, porque Jesús es vida.

Nos apartamos de celebraciones que simbolizan culto a la muerte y a la brujería, aunque parezcan cosas de juego o entretenimiento.

Si observamos sus símbolos, muchos representan la muerte: esqueletos, calaveras y tumbas. En ese día, los hechiceros celebran y llevan a cabo sus ceremonias. Ellos tienen sus organizaciones.

Celebremos, sí, celebremos que Cristo es la luz del mundo. Celebremos que Él es lo que dijo: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá”.

¡Celebremos la vida! ¡Que brille la luz!

Amén.