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MUJERES EN METAMORFOSIS

Predicadora: Carmen Carbonell

Aviva Soul Church

Textos bíblicos: Génesis 16:1–13; Génesis 21:14–19; Romanos 12:2.

La metamorfosis es un proceso de transformación. Así como una oruga atraviesa diferentes etapas antes de convertirse en mariposa, también en la vida cristiana Dios utiliza experiencias, heridas y desafíos para transformar nuestro interior. Durante el encuentro Mujeres en Metamorfosis, Carmen Carbonell reflexionó sobre la historia de Agar y sobre las distintas maneras en que atravesamos nuestros procesos.

Cuatro enseñanzas para nuestro proceso

1. La oruga cazadora de Hawái: cómo mi proceso afecta a otras.
Algunas orugas cazadoras se alimentan de insectos. Esta ilustración nos invita a examinar la manera en que nuestros propios dolores influyen en nuestras relaciones. En Génesis 16, la tensión entre Sarai y Agar muestra cómo la frustración y el desprecio pueden afectar a quienes nos rodean.
La transformación de otra mujer no amenaza tu transformación.
Cada una tiene su propio proceso y tiempo delante de Dios.

2. La oruga ensillada: las heridas y nuestras defensas.
Esta oruga utiliza espinas urticantes para protegerse. También las personas podemos levantar barreras después de ser heridas. Agar huyó de Sarai tras recibir un trato duro (Génesis 16:6). Sus heridas eran reales, pero nuestras heridas no deben convertirse en licencia para tratar mal a otras personas. Dios desea sanar también nuestra forma de responder.

3. La oruga monarca: lo que me alimenta.
La oruga monarca se alimenta de asclepia, una planta cuyas sustancias contribuyen a su defensa. De manera semejante, lo que alimenta nuestra mente y corazón influye en cómo atravesamos la prueba. Podemos nutrirnos del temor y la frustración o volver a la Palabra de Dios. Elías, agotado después de una gran victoria, recibió descanso y alimento antes de seguir su camino (1 Reyes 19:1–8).
Importa de qué nos alimentamos durante nuestro proceso, porque todavía queda camino.

4. La oruga geométrida: cuando parece que nadie me ve.
Muchas de estas orugas se camuflan y pasan desapercibidas. Agar también se encontró sola en el desierto, pero allí descubrió que no estaba fuera de la mirada de Dios. En Génesis 16:13 llama al Señor El Roi: el Dios que me ve. Aunque nadie más conozca lo que estamos atravesando, Dios nos ve, nos escucha y no nos abandona. Y, como enseña Gálatas 6:2, también estamos llamadas a sobrellevar las cargas unas de otras.

Transformadas desde el interior

Romanos 12:2 nos invita a ser transformadas mediante la renovación del entendimiento. La palabra griega relacionada con «transformaos» comparte su raíz con «metamorfosis». Dios no solo puede obrar en lo que ocurre a nuestro alrededor; también puede utilizar cada proceso para renovar nuestra manera de pensar, sentir y vivir. Podemos escuchar la misma Palabra y servir al mismo Dios, pero cada una está atravesando una etapa distinta.

El Dios que nos ve también abre nuestros ojos

En Génesis 21:14–19 volvemos a encontrar a Agar en el desierto, esta vez junto a Ismael. Cuando se terminó el agua, creyó que perdería a su hijo. Sin embargo, Dios escuchó la voz del muchacho y abrió los ojos de Agar para que viera un pozo de agua.

El Dios que vio a Agar en Génesis 16 seguía viéndola en Génesis 21.
Primero, Agar conoció al Dios que la veía; después, Dios abrió sus ojos para que ella pudiera ver la provisión que necesitaba.

Las circunstancias pueden afectarnos, pero no deben tener más autoridad sobre nuestra vida que la Palabra de Dios. Quizás Él no cambie de inmediato el desierto que atravesamos, pero puede abrir nuestros ojos para reconocer su presencia y provisión en medio de él.

Oración final

Señor, abre mis ojos. Ayúdame a reconocer tu provisión, recordar tu Palabra y ver aquello que tú me has dicho. Transforma en mí todo lo que necesite ser transformado mientras atravieso este proceso.

AVIVA SOUL CHURCH

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