Hace unas semanas tomé unos días de vacaciones. Al volver a usar mi computadora del trabajo, como de costumbre, me solicitó la contraseña. Para mi sorpresa, no reconoció la clave que siempre había utilizado. Intenté una y otra vez, diciéndome a mí mismo: «pero si esta es la contraseña que uso siempre». Incluso la dejé visible para asegurarme, pero nada. Intenté tantas veces que la computadora se bloqueó.

Entonces, me comuniqué con el técnico encargado de las computadoras en mi compañía, y él me ayudó a recuperar el acceso, permitiéndome entrar a mi información y continuar trabajando como de costumbre. Le pregunté por qué había ocurrido esto si estaba usando la información correcta y haciendo todo como siempre. Me explicó que a veces el sistema, como medida de seguridad, no reconoce a los usuarios después de varios días sin actividad. Es como si, en cierto sentido, el sistema ya no me reconociera.

Qué gran lección aprendí. Recordé que este es precisamente el mensaje para la iglesia del Señor hoy: tenemos que mantener contacto constante con el Espíritu Santo, porque al perder ese contacto, podríamos no ser reconocidos. Esto me recordó las palabras de Mateo 7:21-23, cuando Jesús dice: «No los conozco, apártense de mí».

Así como, a pesar de tener toda la información, mi computadora no me reconocía, de la misma manera un cristiano, aunque esté trabajando, predicando y ejerciendo ministerio, si pierde el contacto con Dios, podría llegar a un punto donde no sea reconocido. Por tanto, el consejo es claro: aún en el ministerio, debemos mantenernos en constante comunicación con Dios a través de la oración, el ayuno, la lectura de la Palabra y todos los ejercicios espirituales que nos acercan al Padre.

Efesios 6:18 nos aconseja orar en todo momento. El consejo bíblico es claro para que no seamos sorprendidos, como me ocurrió a mí. Nunca pierdas el acceso a Dios a través de Jesús y del Espíritu Santo.

(Salmo 27:8) «Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, oh Señor.» (1 Crónicas 16:11) «Buscad al Señor y su poder; buscad su rostro continuamente.»