Yo trabajo recibiendo llamadas telefónicas, ayudando a la gente con planes de salud. Hace unos días, estaba llegando la hora de mi salida, y faltando un minuto le dije al Señor: “ay, que no entre ninguna llamada”, ya que deseaba salir de trabajar a mi hora correcta, pues tenía en mente algunas diligencias por realizar. Para mi sorpresa, entró una llamada que me mantuvo ocupado por 10 minutos más. Al terminar la llamada pensé: muy bien, Dios me dijo no a mi petición; quizás la otra persona al otro lado del teléfono estaba rogando y diciendo: por favor, Dios, que tomen mi llamada, llevo mucho tiempo esperando y me urge ayuda.

Esto es un claro ejemplo de que a veces nuestras oraciones tienen algo que se llama contraste.
La palabra «contraste» en la Biblia significa la oposición, contraposición o diferencia notable que existe entre personas o cosas. Dios quiere una cosa y yo quiero otra, por tanto, mi oración no es eficaz. Dios dice: “me estás pidiendo no pasar por esa prueba, ese desierto, esa situación, pero mi voluntad es contraria”, porque es precisamente esa prueba lo que te va a dar carácter, calibre como cristiano, y te hará ser más maduro en este caminar. Usted y yo sabemos que eso no nos agrada mucho, pero es así.

La Biblia dice en (1 Juan 5:14) que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, Él nos oye. La misma palabra nos afirma que, si lo que le pedimos es conforme a su voluntad, Él escucha. Recordemos que en este camino tendremos momentos duros y difíciles. (Hechos 14:22) dice: “Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos al reino de Dios”. En el mundo tendréis aflicción, (Juan 16:33).

Así que, cuando estés orando y clamando al Señor por algo, recuerda ser entendido, humilde y manso, así como lo hizo Jesús, cuyas palabras en el Getsemaní deberían ser siempre nuestro mayor ejemplo: “no se haga como yo deseo, sino tu voluntad, Padre” (Lucas 22:42). Nunca olvides que nosotros somos sus siervos, y a Él servimos; no está Él para servirnos en todos nuestros caprichos. Sin embargo, Él prometió no abandonarnos en lo que nos permite pasar (Mateo 28:20).

Dios te bendiga, Pastor Miguel.