¡Qué visita tan especial!
Jesús llega al hogar de Marta y María. Allí, Jesús identifica un mal que no era físico y ofrece la solución.

El afán: cómo ser trabajador y diligente sin caer en un empeño tan grande que termines en ansiedad.
Este mal afecta la salud física y las emociones; en vez de ser productivos, perdemos enfoque, nos turbamos, restamos concentración, nos agotamos y malgastamos el tiempo. Marta estaba preocupada con muchos quehaceres (Lucas 10:40).

«Por nada estéis afanosos» (Filipenses 4:6). Aquí la solución: ve a Dios, quien es tu Padre suplidor, protector y descanso.
Oye, si Dios alimenta a las aves y viste las flores, con seguridad cuidará de ti. Él suplirá todo lo que falta conforme a Sus riquezas en gloria en Cristo Jesús (Filipenses 4:19).

Háblale tus peticiones y necesidades con acción de gracias, y echa sobre Él toda ansiedad, preocupación e impotencia (1 Pedro 5:7).

Cambia el afán por confianza en Dios.

¡Planifica! Escribe y clasifica las tareas y responsabilidades por hora y día; ahorrarás esfuerzo, gasolina y tiempo.

Háblate a ti mismo: «Voy a separar un tiempo a solas con Dios, a Sus pies, Jesús Palabra viva, en oración y adoración».
Créeme, el día te rendirá y te sobrará tiempo.
¡Sé eficiente y fructífero!