Cada año fijamos metas.


¿Qué objetivos queremos alcanzar espiritualmente en el 2026?


¿Cómo vamos a planificar nuestras finanzas?


¿Qué proyectos terminaremos o iniciaremos?

Debemos, primeramente, llevar un inventario del año que pasó, 2025, y buscar los planes para el nuevo año. Pero hay algo importante que muchas veces no

mencionamos: esperar.

Las personas orientadas a los resultados, que miden sus logros por lo que hacen o llevan a cabo, pueden fácilmente pasar por alto lo productivo que es esperar en el Señor. En nuestra apresurada sociedad, esperar se ve muchas veces como una aceptación pasiva de las circunstancias o, peor aún, como el último recurso después de haber fallado en lograr lo que queríamos.

Sin embargo, la Palabra de Dios nos dice claramente que debemos esperar en el Señor (Salmo 27:14). Él nos bendecirá grandemente si lo hacemos (Isaías 64:4). Este tipo de espera no implica apatía, sino una calma imperturbable. Se trata de una actitud tranquila y expectante, firme, valiente y diligente, que se mantiene hasta recibir nuevas instrucciones.

Esperar el momento adecuado lo es todo:
en una batalla,
en una cirugía,
en los deportes,
en los negocios,
y en nuestro diario caminar con el Señor.

Una de las razones principales por las que nos salimos de la voluntad de Dios es porque no conocemos Su tiempo perfecto. Cuando esperamos, ponemos nuestra confianza en Él, veamos o no los resultados. No esperar en el Señor puede atrasar Sus bendiciones y traer dolor y sufrimiento. El costo de este error se refleja en las finanzas, en las relaciones y en oportunidades perdidas.

Por el contrario, cuando esperamos la dirección de Dios, nos mantenemos en comunión con Él. El Señor utiliza este tiempo para enseñarnos a obedecer Su voluntad y fortalecer nuestra fe. La espera es esencial para andar en obediencia y para recibir Sus bendiciones.

Cuando esperamos la clara dirección de Dios, nos mantenemos en sintonía con Él.

Hágase Tu voluntad. Queremos esperar en Ti, Señor.
En el nombre de Jesús, amén.

Versículo:
“Guarda silencio ante Jehová, y espera en Él.”
(Salmos 37:3–7)

Dios les bendiga.

 

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