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La higuera seca: apariencia o fruto verdadero

**Manuel Merced — College Road en Español, Ocala, Florida**

## Marcos 11:13-21

Estos versículos bíblicos en muchas ocasiones han sido criticados e incomprendidos, para muchos es un acto injusto de Jesús y hasta un ataque de ira. Pero encierra una gran advertencia para los creyentes. Piensa, el ser más amoroso el cual dará su vida por amor a ti está descontrolado. Jesús tuvo hambre, y se acerca a una higuera buscando que comer. Al no encontrar nada la maldice, la cual se seca hasta las raíces. Vamos a leer y a explicar este pasaje un poco. La misma lectura dice “pero no era tiempo de higos”, nos podemos preguntar, por qué el hijo de Dios maldeciría un árbol que no tenía frutos si no era su tiempo. A primera vista parece cruel o un capricho. Dejemos este pensamiento por un momento ahí. Esto no tiene que ver nada con la agricultura, sino con algo mucho más profundo, pues en Jerusalén estaban pasando algunas cosas. Antes de entrar en el asunto vamos a poner en contexto donde y cuando pasa esto. Es la primavera del año 33 aproximadamente, faltan apenas unos días para la crucifixión de Jesús, el ambiente en Jerusalén era denso, pesado, y cargado de una tensión política y religiosa insoportable. Cientos o miles de personas están llegando a la ciudad para la fiesta de la Pascua. Jesús acaba de hacer su entrada triunfal montado en un burro con la multitud gritando Hosanna! Pero él sabía perfectamente lo que le venía, su mente estaba en el sacrificio inminente. En este contexto Jesús sale de la aldea de Betania en la mañana rumbo al gran templo de Jerusalén, el texto nos dice que tuvo hambre y aquí se encuentra la primera pista o detalle:

1. En la tierra de Israel las higueras tienen una característica biológica única. Antes de que llegue la temporada principal de los higos maduros, en el verano el árbol produce unos pequeños brotes comestibles conocidos como brevas. Estas aparecen exactamente al mismo tiempo que las hojas verdes en la primavera. Es decir la regla de oro de la higuera es si tiene hojas verdes obligatoriamente tiene brevas.

Cuando Jesús vio el árbol de lejos lo que vio fue un árbol lleno de hojas verdes, frondoso y presumiendo tener alimento. El árbol estaba gritando visualmente que tenía algo que ofrecer, pero al Jesús acercarse encontró engaño. El árbol no tenía ni siquiera un pequeño brote, era pura apariencia, tenía el follaje de la vida pero la esterilidad de la muerte. Sin embargo esto ya sería una historia ya completa si solo fuera cuestión de botánica, pero no lo es pues lo próximo cambia todo lo demás. Para conocer porque Jesús dice esa maldición aterradora de que nadie comería fruto de ese árbol tenemos que seguir sus pasos luego de ese evento:

2. Esto es lo que los estudiosos bíblicos llaman la Técnica del Sandwich Literario de Marcos. El no pone las historias en orden aleatorio, él envuelve un evento dentro del otro evento para que se expliquen mutuamente. Marcos nos cuenta que Jesus maldice la higuera y luego entra a Jerusalén y purifica al templo expulsando a los mercaderes y a la mañana siguiente los discípulos ven la higuera totalmente seca hasta las raíces. Ves el patrón, la higuera y el templo son exactamente lo mismo. En esta historia es interesante ver que en toda la literatura profética del AT desde Jeremías hasta Oseas la nación de Israel y específicamente Jerusalén siempre fueron representadas simbólicamente por una higuera.

Jesus no estaba enojado con una planta, estaba ejecutando una parábola viva, un teatro profético en tiempo real. Seguimos, ¿Por que Jesus estaba tan indignado con el templo? al punto de compararlo con un árbol esteril y engañoso. En el siglo I el templo de Jerusalén estaba controlado por una elite religiosa brutalmente corrupta según el historiador judío del primer siglo Flavio Josefo. El sumo sacerdote Anás y su familia habían convertido el lugar más sagrado de la tierra en un monopolio comercial. Si vamos al Talmud Babilonico, en el tratado Pesajim página 57a confirma este horror al describir los bazares que tenían los hijos de Anás. Esta mafia religiosa obligaba al peregrino pobre a comprar animales para el sacrificio a precios excesivos, solo aceptaba la moneda del templo, cobrando tasas de cambio abusivas, robaban a las viudas y oprimían a los extranjeros, todo esto bajo la fachada de la santidad. Vamos entendiendo el significado de esto, el templo de Jerusalén era exactamente igual que la higuera, estaba lleno de hojas verdes. Tenía coros hermosos, sacerdotes con vestiduras de oro, incienso quemando a toda hora, miles de sacrificios diarios, una apariencia de religiosidad espectacular, pero cuando el hijo de Dios se acercó buscando los frutos, buscando la justicia, la misericordia, el amor por las viudas y la compasión por los pobres no encontró absolutamente nada. Todo era una religión muerta, una fachada hipócrita. Jesus maldijo la higuera para mostrar visualmente lo que el cielo ya había decretado sobre ese sistema religioso corrupto al decir que nadie nunca más comería fruto de la higuera. Estaba profetizando el final del sistema de sacrificio del antiguo pacto y el detalle arqueológico e histórico que confirma todo esto, es fuerte. Apenas unas década después en el año 70 DC el imperio Romano bajo el mando del General Tito ocupó Jerusalén, destruyeron la ciudad por completo, quemaron el santuario y derribaron el Templo piedra por piedra. Exactamente como la higuera que se secó desde sus raíces. Nunca más en casi 2000 años se ha vuelto a ofrecer un sacrificio animal en ese lugar, la maldición profética se cumplió al pie de la letra. Al final la historia de la higuera seca no se trata de botánica o de hambre, se trata de ti y de mi. Piensa en la matemática emocional de esto, ¿alguna vez te has encontrado haciendo lo mismo que el templo de Jerusalén? ¿Cuántas veces nos llenamos de hojas verdes? Asistimos a todos los servicios, cantamos todas las canciones, usamos el vocabulario cristiano perfecto, tenemos una apariencia de piedad impecable frente a los demás. Parecemos frondosos pero cuando Dios se acerca a nuestras vidas privadas a la forma que tratamos a los demás, a lo que vemos y hacemos cuando nadie nos observa, a nuestra verdadera compasión por el que sufre, ¿encuentra fruto o solo encuentra religión vacía?

Dios no está buscando follaje, no le impresiona nuestros coros o nuestros títulos. El busca el fruto del Espíritu que es: amor, gozo, paciencia, paz, etc. El mismo Jesús que purificó el templo hace 2000 años quiere purificar el templo de nuestro corazón. Hoy no te conformes con aparentar tener vida, deja que sus palabras te limpien y te transformen desde la raíz, para que puedas alimentar a un mundo que está muriendo de hambre espiritual.

Que así nos ayude Dios.